25
Mar

Esto voy a superarlo. Queramos o no.

21
Mar
stored in: Del amor y otros demonios and tagged:

Es patético empezar otra vez diciendo lo que te echo de menos o hablando de los aviones que no volverán a aterrizar en Londres.

Es patético definirte a ti como leyenda y a mi como ciencia ficción.

A fin de cuentas ¿Quién quiere dar y quién quiere pedir? No hace falta que lo dudes, ni tampoco que te expliques. Yo Tengo suficiente con que estés tumbado en el sofá de mi casa mientras averiguo el ritmo de tu respiración. Aunque siempre acabaré pensando que podría quererte un poco más.

 

26
Feb
stored in: Del amor y otros demonios and tagged:

Que algunas noches me recuerdes
que no me dejes de sentir
yo andaré cerca por si vuelves
por si vuelves esas palabras a decir.

Si tu teléfono no suena, soy yo. Cógelo, porque te echo de menos.

23
Feb

Si quieres facturo el invierno y te saco de golpe febrero de aquí.
Si quieres repito contigo esas noches que no se podrán repetir.
Si quieres te pinto en el aire un abrazo gigante y detengo este avión.
Si quieres le cambio de horario al destino matando de un beso al reloj.

Te podría decir que esta entrada está dedicada a ti. Que tú nunca lo sabrás con seguridad. Que por eso seguirás entrando en el blog. Que crees, a medias, que te escribo. Que nunca hablo de ti pero siempre me imagino contigo. Que cada vez que recorro con la lengua otro cuerpo me alegro de que no sea el tuyo. Que cuando estoy sola me encantaría que fuera tu lengua la que acertara. Que me ilusionan más los mensajes de cualquier amigo antes que los tuyos. Que no soporto ver que vuelves a dejarte la piel en una pantalla táctil sin que sean para mí tus buenas noches.

Que te jode verme tontear con ese chico.

Que no tengo ni idea de cuál es la distancia que tengo que mantener. Que no sé cuántas veces más voy a poder retirarme. Que no sé si quieres que lo haga.

Te podría decir que te he perdido en Madrid, y que voy a olvidarte en Granada. Que los dos sabemos que tengo que cerrar esa puerta. Que tú te empeñas en dejar una rendija abierta.

Que no sé ni cómo olvidarte, ni cómo quererte, ni cómo tenerte. Y sin embargo, no tengo dudas.

Y que si tú las tienes, estamos perdidos.


I hope life treats you kind
and I hope you have all you’ve dreamed of
and I wish to you, joy and happiness.
But above all this, I wish you love.

No había nadie a quien conociera. Así es más fácil. Tampoco las letras de la palabra decepción inundaban la ciudad. Como mucho, lo hacía la nieve. Que es casi igual de fría que tus miradas pero por lo menos me hace sonreír. Sobre todo a las cinco de la mañana de un viernes volviendo a casa. Hace viento frío. No puede ser el frío siberiano porque me aseguré de cerrar todas las puertas antes de marcharme. Es la corriente que entra por la ventana que me he dejado abierta en mi nuevo piso. La vida es así, cierras una puerta y alguien abre una ventana, aunque sólo sea para decirme que el vestido nuevo me sienta bien. Aunque sólo le sirva como excusa para no dejarme salir de debajo del nórdico.

Ni Sevilla ni tú tuvisteis la culpa. No volví a encontrar ningún rincón en el que enamorarme. Tampoco ninguna noche para contarte secretos. Aunque ya da igual. Por eso vosotros os habéis quedado allí. Y yo, me he ido. No se lo digas a nadie, pero voy a hacer todo lo posible por no volver. Así tú no pierdes y, esta vez, yo gano. Haz las cuentas.

Otra vez.

30
Jan

Ponte cómodo para leer esto. Separa un poco las piernas. Desabróchate dos botones del pantalón. Y, sobre todo, haz lo que te digo.

Duele. Como casi siempre. Ni me has quitado el vestido ni te has bajado los pantalones. Ya tampoco hace falta. La puerta, no me alejes de la puerta. Ahora mismo es lo único que me mantiene en la realidad. El tacto áspero de la madera en mi mejilla.

 ¿Te duele?

¿Quieres que pare?
No

Estabas preparado mucho antes de empezar. He notado tu erección antes de notar tus labios. No me ha dado tiempo a seguir discutiendo cuando tus manos me han empujado contra la puerta de la entrada. Con cierta violencia pero no con mucha fuerza. Me ahogo entre la madera y tu cuerpo. Todo se mueve y el único motivo para no caerme es que no tengo sitio entre la puerta y donde te vuelves más duro.

¿Estás cómodo? Humedécete los labios un poco. Despacio. Traga saliva. Cierra los ojos, imagíname.

El problema de conocernos tanto es que entiendes cada una de mis zonas erógenas como si fuera tuya. Por eso, cuando he notado tu lengua recorriendo los caminos de mi oído, he sabido que no había vuelta atrás. Ibas a hacerme lo que quisieras, ibas a hacérmelo como quisieras.

No tienes ganas de entretenerte en preliminares. Tampoco hace falta. Buscas por debajo de mi vestido donde es más fácil llegar. Y llegas.

- Veo que tienes ganas…

Cerdo.

Si tu voz siempre había sonado así de ronca, se me habia olvidado. Suenas a cama deshecha.

Te lo diría si no fuera porque acabas de localizar el punto exacto donde todo se pierde. Donde la poca razón que me queda termina escurriéndose. Das un paso hacia atrás y me separas de la puerta. Yo intento sostenerme con las manos apoyadas mientras arqueo la espalda, buscando algo de oxígeno, algo de fricción contra ti, algo que no me separe de la tierra, algo que me haga saber las ganas que me tienes.

Espero que te esté gustando y que quieras seguir leyendo. Sigue imaginándome. Voy a pensar que llevas una camisa y pantalones vaqueros que te están dando problemas de espacio. Ponte la mano por encima de los botones. Muérdete el labio inferior.

Aprovechas para meterme dos dedos en la boca no solo porque sabes que me vuelve loca, también para darme a probar,  para buscar algo más líquido. Aunque la saliva no es suficiente lubricante para esto. Ya lo sé. Ya lo sabes. Por eso sabemos que me va a doler. Lo intentas con uno de los dedos empapados. Lo consigues con relativa facilidad- ¿Él te hace esto también? No te contesto y me lo vuelves a preguntar tirándome del pelo hacia atrás. Me quejo pero me encanta. Nunca me lo habías hecho así. Nunca estando tan cabreado. Nunca con tanto orgullo. Nunca con tantas ganas.

Empujas. Empujas esta vez con todo. Menos fácil que antes. Una vez. Muy despacio. Dos veces. No quiero hacer ruido. No quiero darte el gusto de que me oigas. Por eso yo contengo la respiración y tú contienes la fuerza. Sigues. Tres veces. Duele. Lo sabes. Vuelves a buscarme con la mano en otras zonas mejor lubricadas. Tus dedos van de mi boca a mi perdición. Cuatro veces. Vuelvo a respirar a la vez que mi dignidad ha decidido largarse.  El resultado es que estoy dejando de ser silenciosa.

No me digas que no te gustaría estar en esa escena a ti. Aunque no sé si tú hubieras llegado a eso. Probablemente no. Pero te sigo dando permiso para que te lo imagines. Recuerda la mano que te dije que te pusieras encima de los botones. Si sigue ahí, notas como las cosas están cambiando de tamaño. Podrías insistir un poco, si no lo has hecho ya. Yo lo haría. Eso también puedes imaginártelo.

Cada vez duele menos. Cada vez eres menos suave. Y yo no sé de donde he sacado el descaro para agarrar tu muñeca y acabar con tus paseos por mi cuerpo. La quiero sólo en un sitio a tiempo completo. Y te ríes en mi cuello. De mí, supongo. Y te juro que si me quedara algo de vergüenza te insultaría. Pero no mientras sigas ahí. Tan brutalmente excitado.

- ¿Ya no te duele, verdad?

- ….

- ¿Le vas a pedir a él que te lo haga así? – Cinco veces. Ahora son como golpes secos. Empiezas a dejar de ser rítmico

- Cállate – En mi cabeza ha sonado firme pero en la realidad no estoy segura de haber sido capaz de terminar la palabra. Te vuelves a reir así que supongo que ha sonado más a súplica que ha mandato.

- Antes no eras tan rápida – Te odio. Probablemente te esté cortando la circulación de la muñeca pero es importante que tus dedos no paren ahora. La perfección de los círculos de tu dedo pulgar es lo único que hace que no me gire y termine con esto.

- Que te calles – Suena como si tuviera asma. Otra vez te ríes.

- Antes eras más silenciosa. – Pasas tu brazo por delante de mi cuello, para poder darte más impulso. Para poder darme más fuerte. Noto tus latidos por todas partes. Estoy segura de que mañana va a doler.

- Sería porque antes no sabías hacerme estas cosas. – Supuro orgullo con cada palabra. Dudo de que la puerta aguante tanto resentimiento. Has perdido el control. Yo nunca lo he tenido.

Y tú qué. Espero que no estés asustado. Espero que estés disfrutando. ¿Has encontrado el momento ya para leerlo tranquilo? En tu habitación, sin que nadie te moleste. Ahora, si me das permiso, me lo voy a imaginar yo. No te importa, verdad? Me gusta que sea sin quitarte la ropa, sin llegar a desabrocharte los pantalones del todo. Sólo con una mano por debajo de tu ropa interior (blanca). ¿Sigues tú o lo hago yo? Realmente, si lo hayo yo, es imposible que me conforme con utilizar solo las manos. Ahora, imagínatelo tú.

- No te oígo lo suficiente ¿quieres que te dé más fuerte? - Eres un cabrón. No estoy segura de haberlo pensado o haberlo dicho en voz alta. Tampoco has esperado una respuesta para tomar una decisión. Los golpes se tienen que estar escuchando desde el otro lado. Hace tiempo que me ha dejado de importar lo que piensen los vecinos de mis gemidos.

Me da igual. Ahora mismo todo me da igual. Tú, la puerta, él, todos mis problemas. Toda nuestra discusión. Tus gritos y los míos. Que nos veamos después de seis meses y llevaras la misma ropa que el día que nos besamos por primera vez. Que yo llevara un vestido negro, corto, sólo para demostrarte lo que te estás perdiendo. Que me oígas. Que no sea tu nombre en el que pienso cuando todo se vuelve borroso. Que sea mi nombre lo que me gritas al oído cuando todos tus músculos se contraen. Que esté siendo el mejor orgasmo de mi vida y que no quiera volver a verte.

No te acostumbres a estas cosas. Espero que hayas disfrutado.

29
Jan
stored in: Del amor y otros demonios and tagged:

Son las 4:37. No me gusta salir por la alameda ni ir al canalla pero he hecho las dos cosas.

He hecho muchas cosas estando borracha, pero escribir nunca ha sido una de ellas. Encima lo estoy haciendo con el móvil, así que puede salir cualquier cosa. Además, no voy a releerlo cuando termine, para que todo sea como más auténtico. Perdona todas las faltas que veas.

Hoy he querido ligar. Contigo pero sin ti. Como siempre, vamos. Lo he conseguido, como siempre también. A mi también se me hace un poco raro no te creas. Estar toda la noche pensando en darte besos e, irremediablemente, terminar dándoselos a otra persona sin acordarme de ti. Era moreno, se llamaba Rubén, argentino y llevaba una camisa de cuadros. No he querido saber mucho más de él ni él de mí. Al final, como casi siempre, he vuelto sola en taxi. Pensando en ti y en tu mensaje de esta semana. No siempre es así, a veces no vuelvo sola. Y, a veces, no pienso en ti.

Son las 4:48 y ya no tengo ganas de seguir escribiendo. Sólo de dormir contigo. No te olvides de mí, vale?

P.D.: Estoy preparando una versión nueva del blog súper chula!

23
Jan

  • Me levanto sobre las 7:30 y me preparo un té negro con aceite de bergamota. Lo tomo en la taza que me regalaste en el último cumpleaños que pasé contigo y la envuelvo con las manos para aprovechar el calor. Todas las mañanas me acuerdo de ti. Todos los días me digo que esta va a ser la última mañana que lo haga. Todos los días te acabas antes de las 8:00.
  • Sobre esa misma hora despierto a Lucía. Tiene cinco-años-casi-seis. Es rubia con los ojos color ambar y una preciosa sonrisa. Quiero creer que es como la tuya. No sé quién es su padre y a ninguna de las dos nos preocupa saberlo. Acaba de aprender a leer y ya se le mueve un diente de abajo.
  • Vivimos en un 5º piso de una de las calles más caras de Madrid. No derrochamos, pero mientras pueda, tampoco escatimamos en bienestar y comodidad. Lucía tiene dos habitaciones, una para jugar, llena de colores y dibujos divertidos, y otra para dormir, en tonos más serenos y pasteles. Los deberes los hacemos entre las dos en el salón.
  • Trabajo en una empresa pública de formación. Soy gestora de acciones formativas, y a veces, docente en cursos de formador de formadores. No es un trabajo apasionante pero el clima de la oficina es muy agradable y el horario perfecto para poder pasar tiempo con mi hija.
  • Los lunes y los miércoles dejo un ratito a Lucía con mi madre y yo aprovecho para ir al gimnasio. La mayoría de las noches cuando voy a buscarla, nos quedamos allí a cenar. A las tres nos gusta estar juntas y contarnos nuestras anécdotas. Cuando Lucía se queda dormida en el sofá, a veces, lloro con mi madre. Lloro yo, y mi madre me abraza. A veces es porque me siento sola, otras porque no sé si estoy siendo una buena madre y otras por simple estrés del trabajo. Ella siempre me tranquiliza diciendo que todo va e irá bien.
  • Hace seis meses llegó un chico nuevo a la oficina. Es más alto que yo, moreno de piel y con los ojos enormes. Tan enormes que puedo ver llamitas cuando habla conmigo. Casi siempre tomamos el desayuno de media mañana juntos. Últimamente, algunos días, me trae dulces y chocolatinas porque ha descubierto que soy muy golosa. A lo mejor le llevo algo un día de estos.
  • El otro día me dijo que si nos apetecía merendar con él, en una cafetería que hay cerca de la estación de Atocha. Habló en plural, contando con Lucía. Me encantó que lo hiciera. Pasamos una tarde encantadora que terminamos en el parque del Retiro tirados en el cesped y haciéndole fotos a Lucía con Micky Mouse.
  • Lucía alguna vez me ha preguntado que si vamos a tener un papá en casa. Yo le dije que cuando encontremos uno que nos guste, nos lo quedamos. Creo que le ha parecido bien la idea.

20
Jan
stored in: Del amor y otros demonios and tagged:

No te escapaste de la quema, porque no entiendes de la vida la mitad.

Yo sólo tenía un folio en blanco para convencerte de que te quedaras. Tú para romperme lo único que tenías que hacer era no tocarme.

Me ha gustado el camino, pero sólo a veces.

16
Jan

La Sonata para piano n.º 14 en do sostenido menor “Quasi una fantasia“, Op.27, n.º 2, de Ludwig van Beethoven, popularmente conocida como Claro de luna

Siempre me equivoco en la misma nota. Aunque esta vez no has tenido nada que ver. Me gusta tocar el piano con poca ropa y que tú me mires desde el sofá. Da igual si no hay apenas luz porque siempre lo hago con los ojos cerrados. Es ese acorde de Claro de Luna el que lo jode todo. ¿Lo escuchas? En el minuto 3:47, ahí me equivoco. No creo que esa nota tuviera que estar ahí, pero no vamos a discutirle a un genio.

Sólo llevo tu camiseta puesta y el banco en el que estoy sentada está muy frío. Pianos climatizados es lo que tendrían que inventar. No deberías dejar que terminara de tocar esta pieza porque podrías enamorarte de mí. Y lo peor, yo de ti. Te lo advierto. Esta escena es demasiado perfecta para que continúe siéndolo. Tendrías que decir alguna impertinencia. Encender la luz, vestirte o dejar de mirarme. Lo que sea. El claro de luna es demasiado oscuro para nosotros. No servimos para esto, nosotros somos más de equivocarnos. De no soportar la luz de la luna que entra por la ventana. De tener que recoger la ropa del suelo antes de deshacer la cama. Por eso no entiendo que sólo quieras verme tocar sin darte cuenta de dónde me equivoco.

¿Dónde estás? Ya sé que en el sofá. Pero esa no es la pregunta. Yo estoy en cualquier lugar menos aquí. Aquí es difícil estar. Yo estoy en la playa con alguien que no eres tú, pensando en ti. En una terraza junto al río con alguien que no eres tú, pensando en ti. Riéndome en un dormitorio desordenado de un piso de estudiantes con alguien que no eres tú, pensando en ti.

Cualquier cosa es mejor si la hago pensando en ti, pero no contigo. Por eso, esta situación es insoportable. Porque no puedo alargar más el último pentagrama y esto no puede terminar así. Porque la canción se acaba y seguimos aquí.

Porque no debimos dejar de escuchar a Maldita Nerea, porque llevaban razón. Que sólo es un esfuerzo relativo, por el miedo a equivocarnos. Que todo lo demás es un infierno sostenido. Que yo no necesitaba más que se nublara tu mirada y, el resto del tiempo, pensar en ti. Porque si te tengo no sé en quién pensar.

Por eso, termina con esto de una vez antes de que yo termine la canción.

Me he equivocado en una nota
No se ha notado
Ese es el problema