• Me levanto sobre las 7:30 y me preparo un té negro con aceite de bergamota. Lo tomo en la taza que me regalaste en el último cumpleaños que pasé contigo y la envuelvo con las manos para aprovechar el calor. Todas las mañanas me acuerdo de ti. Todos los días me digo que esta va a ser la última mañana que lo haga. Todos los días te acabas antes de las 8:00.
  • Sobre esa misma hora despierto a Lucía. Tiene cinco-años-casi-seis. Es rubia con los ojos color ambar y una preciosa sonrisa. Quiero creer que es como la tuya. No sé quién es su padre y a ninguna de las dos nos preocupa saberlo. Acaba de aprender a leer y ya se le mueve un diente de abajo.
  • Vivimos en un 5º piso de una de las calles más caras de Madrid. No derrochamos, pero mientras pueda, tampoco escatimamos en bienestar y comodidad. Lucía tiene dos habitaciones, una para jugar, llena de colores y dibujos divertidos, y otra para dormir, en tonos más serenos y pasteles. Los deberes los hacemos entre las dos en el salón.
  • Trabajo en una empresa pública de formación. Soy gestora de acciones formativas, y a veces, docente en cursos de formador de formadores. No es un trabajo apasionante pero el clima de la oficina es muy agradable y el horario perfecto para poder pasar tiempo con mi hija.
  • Los lunes y los miércoles dejo un ratito a Lucía con mi madre y yo aprovecho para ir al gimnasio. La mayoría de las noches cuando voy a buscarla, nos quedamos allí a cenar. A las tres nos gusta estar juntas y contarnos nuestras anécdotas. Cuando Lucía se queda dormida en el sofá, a veces, lloro con mi madre. Lloro yo, y mi madre me abraza. A veces es porque me siento sola, otras porque no sé si estoy siendo una buena madre y otras por simple estrés del trabajo. Ella siempre me tranquiliza diciendo que todo va e irá bien.
  • Hace seis meses llegó un chico nuevo a la oficina. Es más alto que yo, moreno de piel y con los ojos enormes. Tan enormes que puedo ver llamitas cuando habla conmigo. Casi siempre tomamos el desayuno de media mañana juntos. Últimamente, algunos días, me trae dulces y chocolatinas porque ha descubierto que soy muy golosa. A lo mejor le llevo algo un día de estos.
  • El otro día me dijo que si nos apetecía merendar con él, en una cafetería que hay cerca de la estación de Atocha. Habló en plural, contando con Lucía. Me encantó que lo hiciera. Pasamos una tarde encantadora que terminamos en el parque del Retiro tirados en el cesped y haciéndole fotos a Lucía con Micky Mouse.
  • Lucía alguna vez me ha preguntado que si vamos a tener un papá en casa. Yo le dije que cuando encontremos uno que nos guste, nos lo quedamos. Creo que le ha parecido bien la idea.